Opinión de Isabela Berazueta, jugadora de futbol y comunicóloga de la UNAM

@isabelagbb

El futbol femenil existe desde siempre. Desde las jugadoras que practicaban el deporte con los obreros durante la Primera Guerra Mundial en Inglaterra, hasta todas aquellas de que no se tiene registro en los demás países.

En la actualidad, el aumento del balompié femenino es tomado como una escisión al machismo y como un síntoma de la evolución feminista; como la decisión de una mujer fuerte, independiente y segura de sí misma, a la que no le importa romper esquemas. Sin embargo, existe una duda no despejada sobre este pensamiento: ¿qué tan original es, realmente, que el futbol les guste cada vez más a las niñas y jóvenes?

Como anteriormente se expuso, la participación de las mujeres no es novedad en este deporte, a pesar de lo que los medios quieren hacer ver, y creerles es un error. Simplemente, lo que ellos reflejan es el intento del mundo por comenzar a profesionalizar al futbol femenil.

Es cierto, los esquemas están cambiando, pero los medios de comunicación no se han dedicado a reconstruir su historia, sino a reflejar lo que ya es seguro, lo que la sociedad conoce por fuerza; lo que parece estar naciendo.

Que las mujeres practiquen futbol hoy, en el siglo XXI, no es vanguardia. En cambio, significa que la sociedad ya lo sabe, y que el aumento de mujeres que intentan entrar en el ámbito del balompié obedece, en gran parte, a la influencia mediática.

Sin embargo, esto no debe ser desdeñado o despreciado. Por el contrario, debe considerarse como una condición normal de nuestra sociedad actual. Tiene que mirarse a través de la ventana del feminismo incluyente, de aquel que busca equidad en el esquema de pensamiento del hombre con respecto al de la mujer, y viceversa.

Que, en el presente, existan 133 selecciones femeniles registradas en la FIFA no significa que las mujeres estén haciendo algo novedoso, significa el reflejo de que el trabajo nacido a partir de la inclusión del voto femenino –en el amplio sentido de la palabra-, a mediados del siglo pasado, está dando frutos. Significa que han pasado casi 50 años desde que la federación inglesa levantó la prohibición de práctica de futbol para las mujeres, por ejemplo.

El actual incremento resulta, pues, positivo, siempre y cuando exista la consciencia de que el futbol femenil no es un “sol naciente” ni símbolo de liberación de la mujer de principios de siglo; siempre y cuando exista respeto por todos aquellos que han impulsado la equidad de género a través de la historia de este deporte.