Opinión de Karina Báez,
Licenciada en Derecho y Entrenadora Femenil en la UNAM

@Wesos07

En la actualidad del futbol femenil en México no parece rondar aún el fantasma de buen feminismo. A pesar de que ya es una costumbre mirar al “sexo débil” luchar por un balón a nivel nacional, el futbol profesional es una realidad que aún no llega para las mujeres de este país.

Como cualquier deporte profesional, el futbol es un negocio. Así que la premisa es sencilla: los esfuerzos empresariales particulares o federativos devendrán cuando el sistema esté preparado para obtener ganancias a partir del balompié femenino.

Así como adivinar la solución es sencillo, llegar a ella no lo es tanto. La razón de que pocos clubes varoniles le estén apostado a filiales femeniles tiene que ver, en lo principal, con que la sociedad mexicana mantiene el tabú de la subordinación de la mujer; es decir: por las calles, sin importar la clase social, hay personas que todavía consideran que el nivel de futbol de las mujeres se mantiene por debajo de la capacidad de dar espectáculo.

Contraria a dicha clase de pensamiento, la globalidad de la que disfrutamos y padecemos en el presente nos puede demostrar lo contrario. Incluso sin considerar a los países de primer mundo, en donde el balompié femenino es profesional desde hace décadas, naciones latinoamericanas, como la brasileña, la chilena y la argentina, dejaron atrás la época amateur en esta materia.

Sin embargo, he aquí la trampa: ¿las mujeres futbolistas gozan realmente de un trato equitativo comparado con la atención que se le proporciona a la rama varonil, a pesar de estar, supuestamente, en un mismo nivel?, ¿las jugadoras de futbol profesional reciben un sueldo consistente?, y muchas preguntas más que responden con un feminismo poco incluyente hacia ambos sexos, un feminismo que, en su sentido más propio, debería equilibrar la balanza entre géneros.

El problema, pues, es que, en México, el ‘boom’ futbolístico-femenino proviene del feminismo segmentado. Y es esa falsa creencia de equidad la que lleva a todos a apoyar a las ‘mujeres que juegan’, siempre y cuando, no se toquen sus negocios.

El desarrollo del futbol femenil se ha generado de forma independiente a todo el mercado del deporte. Y, aunque ello es una ventaja, no deja de ser también un bache hondo. Por un lado, existen equipos de tradición con excelentes fuerzas básicas en nuestro país, como Laguna y Andrea’s Soccer, por nombrar algunos. Pero, ¿qué pasa cuando la profesionalización que tanto se busca llegue a México? ¿Qué pasará con todo el trabajo de estos clubes?, ¿se les haría a un lado o se tendrían que alinear y, de cierta forma, “entregar” todo su trabajo?

Después de esta reflexión, como jugadora y entrenadora de futbol femenil en este país, sólo resta pensar en aras del desarrollo de tan amado deporte, con la esperanza de que se abandonen los prejuicios alrededor de este “problema” tan complejo y con la confianza de que el futbol femenil está listo para recibir el cambio. Queda permanecer atenta a cada oportunidad que se brinda, con los ojos siempre abiertos, para lograr, a través del futbol, un verdadero cambio en la forma de vida de todas las mujeres mexicanas.