Parte III

Fátima y la Selección Nacional de 1999 no lograron el boleto directo en la eliminatoria mundialista de CONCACAF a la Copa de ese año, que se llevaría a cabo en Estados Unidos. Luego del fracaso de Carlos Pedrín y Guillermo Monterd al frente de México, llegó Leonardo Cuéllar como director técnico para los partidos de repechaje contra Argentina.

Con gran actuación de Maribel Domínguez y Mónica Gerardo, México logró su pase, al vencer a las sudamericanas 3-1 en el partido de ida, celebrado en La Bombonera, ahora Nemesio Díez, y 3-2 en el juego de vuelta.

Sin embargo, el mundial fue otra cosa. El equipo regresó con el ánimo por los suelos, luego de perder sus tres partidos de fase de grupos, recibir 15 goles y anotar apenas uno. A modo de sacarse la espina, ese mismo año la selección obtuvo una de sus primeras recompensas: una medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1999.

“El Mundial fue una gran experiencia, nos tocó a nosotras después de más de 30 años, revivir una pasión; la experiencia como jugadora fue la mejor, me di cuenta que estábamos en pañales en el futbol, que nos hacía falta disciplina, compromiso, carácter, apoyo de la familia, trabajo físico. Aprendí mucho, para mí, Estados Unidos fue mi escuela, aunque lo que más odio es perder contra ellos, tanto femenil como varonil”.

A pesar del poco apoyo con el que contaba la Selección, pues usaban los uniformes que dejaba el cuadro varonil, las jóvenes jugaban futbol por gusto. “Yo llegué a usar la playera de Ramón Ramírez, ¡cabían tres Fátimas ahí!”, recordó entre risas, “era ropa que ellos dejaban porque a cada rato les daban nueva; fue triste, así nos la pasamos mucho tiempo, con lo que sobraba”.

La nueva líder

El nuevo milenio trajo para Fátima la capitanía del equipo. “Que me hayan nombrado capitana fue el orgullo más grande, sentía algo muy especial por ser la capitana de un equipo por el que nadie daba un centavo (la Selección de México en 1999), pero que ganó una medalla en los Panamericanos”.

Para la futbolista, calificar a unos Juegos Olímpicos fue su mayor logro con Selección, no sólo a nivel personal, sino como equipo mexicano. Atenas 2004 recibió a México, que llegó hasta cuartos de final y fue eliminado por Brasil. “Conseguimos el pase por nosotras y por el trabajo del preparador físico, Vicente Espadas, y de la doctora Lourdes Durán, no por lo que hacía el entrenador”, arremetió.

En el 2006, la seleccionada se tituló como Contador Público, aunque asegura que jamás ejercería su profesión. “Terminé la carrera porque era una condición de mi madre para seguir jugando, cumplí con eso, pero dedicarme a eso no, pretendo seguir dentro del futbol”, confesó para La delantera.

Fátima sobresalió tanto, que en el 2006 fue invitada a jugar en el Indiana F.C., de Estados Unidos, equipo en el que permaneció hasta el 2009, gracias a que la vieron jugar en un partido amistoso. El técnico nacional, Leonardo Cuéllar, negoció y, según recuerda la futbolista, se acordó un pago de mil dólares al mes.

De Estados Unidos, Leyva emigró a Rusia, por el ofrecimiento del entrenador de Indiana, quien se mudaba a ese futbol. Fátima, así como Hugo Sánchez, Rafael Márquez, Javier Hernández o Carlos Vela, jugó la Champions League con el Zorkiy Krasnogorsk.

A 45 minutos de Moscú, a una distancia de más de 11 mil kilómetros de casa, Fátima pasó sus últimos años como futbolista en un país que se alejaba de la calidez que México, e incluso Estados Unidos, le brindaron años atrás, no sólo por el frío, sino por la cultura.

En la cuarta y última parte de esta entrevista, la jugadora hablará sobre la separación de la Selección y las razones que la llevaron a dejar el futbol.

Adria Vega

@NellyAtlas