Opinión: Oliver Mancera, psicólogo.

Seguramente, se preguntarán a quién tomo como el peor enemigo del mexicano en este artículo.

Comenzaré con decirles que, ante este enemigo, los futbolistas han caído en diversas ocasiones; han sufrido derrotas que siguen presentes en el pueblo mexicano, y que, gracias a él, nacieron y se inmortalizaron las frases del “ya mérito”, “sí se puede” o “no era penal”.

Así es. El más grande de los enemigos juega en propia cancha, es local y se viste de verde, blanco y rojo.

El enemigo del mexicano es el mismo mexicano. Vivimos con él, comemos con él y trabajamos con él; pero, ¿por qué no nos damos cuenta de la constante falla de penales, por ejemplo?, ¿en dónde radica este mal que nos persigue como una plaga?

Bien, la respuesta puede ser la forma de educación, la información de los medios, el gobierno, la genética, todas y más de ellas, o ninguna.

El renombrado investigador mexicano y psicólogo social, Raúl Béjar Navarro, presenta algunas características del mexicano que pueden servir como líneas de pensamiento para responder a todas las incógnitas antes presentadas.

Béjar opone la “cultura nacional” y “cultura popular” entre sí, con un concienzudo propósito; para el científico social, la “cultura nacional”es la expresión de la clase social hegemónica, mientras que la “cultura popular” es la expresión de la clase sojuzgada o reprimida, cuyo acceso a la expresión intelectual las restringe  a:

“Lecturas de comprensión que el comercio sabe explotar: las novelas de boulevard y el cómic”.

“La asistencia al cine como escapatoria, las canciones chabacanas, las revistas pornográficas, las escenas de violencia en la televisión…”

En palabras más sencillas, la cultura nacional que nos presenta el gobierno, parte y razón de la cultura popular de cada individuo.

Cuando hablamos de carácter social, nos referimos a aquellas características que llevan a la gente a configurarse y a querer actuar como tiene que actuar en el medio actual existente del que forma parte. Por ejemplo: una sociedad industrial que está creciendo continuamente en mecanización y burocratización requiere rasgos de personalidad tales como disciplina, buena conducta y puntualidad en amplia escala, si es que quiere funcionar efectivamente en el marco imaginativo que le corresponde. (Fromm (1959), psicólogo investigador).

De manera tal, que muchos de los ingredientes caracterológicos que aparecen como privativos del mexicano son susceptibles de desaparecer, tan pronto se modifiquen las condiciones económicas, políticas y sociales que proporcionaron su creación. Y, pese al balance formulado, aparentemente desfavorable, me atrevo a afirmar con énfasis una cosa: el mexicano esconde una gran fuerza espiritual, que, a veces, desdeñamos o no vemos, pero que nos permitirá seguir siendo nosotros mismos. Esa fuerza es la misma que nos rescatará de nuestra vigorosa y antigua personalidad nacional, y la que nos empujará a tomar un distinto sitio en la historia.

Así pues, podría ser que el factor por el cual los jugadores fallan los penales en momentos críticos o de gran relevancia puede ser la sumatoria de la educación, de los estereotipos, los paradigmas de comportamiento, el resultado de las tendencias que los medios nos dictan a diario y de los estratos sociales de donde provenimos, entre, seguramente, algunos otros.

Ese cúmulo al que refiero es el responsable de mantener la ilusión fantasmagórica de los mexicanos del pasado en nuestro imaginario actual, misma que refleja la imagen de un mexicano humilde, al cual se le puede gritar, conquistar, humillar; aquel que no puede tomar sus propias decisiones.

Entonces, si esa cualidad pertenece a cada uno y a todos los mexicanos al mismo tiempo, quiere decir que el poder de cambio está en nosotros. En dicho orden, me atrevo a querer que, en adelante, seamos responsables de cambiar ese pensamiento y nos dictemos, en su lugar, que los mexicanos cada vez triunfamos encima de los antiguos estereotipos sociales, políticos y educativos, para, así, poder desechar todo lo que ya no somos y que nos sigue afectando.

Al final, si quieren una respuesta, yo diría que la piedra angular para superar los penales, la inseguridad y dar el salto de calidad en el futbol, así como el brinco que tanto necesitamos en otros ámbitos, se forma en el día a día, por medio de la educación en la familia y la instrucción escolar, pues, si desde estos dos lugares converge la simple pero poderosa idea de que podemos conseguir lo que queramos, el ansiado triunfo, la gloria, y esa tan prestigiosa sensación de orgullo, vendrán, en cadena, como una consecuencia.

En el marco de la complicada situación que atravesamos como Estado fallido, es vital para cada mexicano que cada quien, en lo individual, y todos como grupo, actúe con consciencia a cada momento, con la meta de mejorar nuestro sistema educativo, base de la formación intelectual e, incluso, física de cada uno.

Para terminar, a modo de conclusión, dejo el siguiente pensamiento: el pueblo mexicano está despertando y cambiando la forma de ver y hacer las cosas. Si bien falta mucho por cambiar, la buena noticia es que es nuestra responsabilidad seguir con el cambio.

Como menciona Michel Foucault en El orden del discurso, “lo importante no está en lo que se dice, sino en el acontecimiento de su regreso”.

 

Información consultada del libro El mexicano. Aspectos culturales y psicosociales (Raúl Béjar Navarro)