Desde que el hombre entro a la historia de este planeta, el consumo también hace su aparición de forma básica, poco elegante, tosca, como los primeros hombres. En un principio el hombre consumía plantas, animales, frutos etc. para satisfacer necesidades sumamente básicas, esto fue de esta forma por un tiempo, cuando el hombre empieza a tener otro tipo de necesidades, necesidades más complejas, diversas, no tan básicas, las formas de consumo también cambian, evolucionan.

De esa forma hasta llegar a nuestros días, el hombre es mucho más complejo, más refinado, elegante, así como las formas de consumo y las entretejías para que la gente consuma, hoy en día existen teorías, escuelas, técnicas, estrategias, para generar necesidades donde no las hay, crear productos deseables para las personas, edifican ideales de vida en pro de una vida llena de “FELICIDAD”. Por esta razón presento algunas ideas plasmadas en el libro Consumismo y nuevos poderes.

Inicialmente, el trabajo apareció como la primera herramienta para encarar la construcción del propio destino. La identificación social busca –y alcanza con esfuerzo- tuvo como determinantes principales la capacidad para el trabajo, el lugar que se ocupa en el proceso social de la producción y el proyecto elaborado a partir de lo anterior. Una vez elegida la identidad social podría construirse de una vez y para siempre, para toda la vida, y al menos en principio, también debería definirse la vocación, el puesto de trabajo, las tareas para toda la vida.

Nada perdurable puede levantarse sobre esta arena movediza. En pocas palabras: la perspectiva de construir, sobre la base de trabajo, una identidad para toda la vida ya que quedó enterrada definitivamente para la inmensa mayoría de la gente (salvo, al menos por ahora, para los profesionales de áreas muy especializadas y privilegiadas).

Las modas culturales irrumpen explosivamente en la feria de las vanidades; también se vuelven obsoletas y anticuadas en menos tiempo del que les lleva ganar la atención del público. Conviene que cada nueva identidad sea temporaria; es preciso asumirla con ligereza y echarla al olvido ni bien se abrace otra nueva, más brillante o simplemente no probada todavía. Sería más adecuado por eso hablar de identidades en plural: a lo largo de la vida, muchas de ellas quedaran abandonadas y olvidadas.

Estas y otras tantas razones hacen al ser humano un consumidor de cosas y más importante un consumidor de vidas. El hombre nació con un hueco, el cual nunca será llenado, ni se verá satisfecho, somos glotones que no se conforman con consumir cualquier cosa, consumimos las vidas de otras personas, de animales, plantas, la vida de nuestro planeta y porque no nuestra propia vida, nuestro estandarte es el goce, un goce que trata de repetir y repetir algo que jamás volverá a ser, estamos en búsqueda de revivir el sentimiento original a través de la compulsiva repetición.

OLIVER MANCERA

Bibliografía:

Bauman, Z (2000), Trabajo, consumismo y nuevos poderes, Ed Gedisa