Lizet Pérez, mejor conocida en el mundo del futbol femenil como “La Jarocha” o “Jaro” llegó a la Ciudad de México con la intención de triunfar en la vida. A sus 43 años y siendo la más chica de 15 hermanos, es una mujer plena que encuentra en el futbol su mejor satisfacción.

Inició en el futbol cuando ya era estudiante de la Escuela Superior de Educación Física (ESEF), aunque en esos años, Lizet se inclinó hacia el futbol rápido, lo que a su vez, la acercó con la familia Magaña, no sólo con Armando padre, sino con su hijo, del mismo nombre, pero apellidado Magaña Pimentel.

La Jarocha tuvo la oportunidad de jugar la Universiada Nacional con su escuela y durante tres años se coronó campeona, reconocida también como una destacada media de contención en el futbol rápido. El acercamiento con la familia Magaña la ligó a Andrea’s Soccer desde hace 19 años. Esto es, toda una vida con el equipo de sus amores en el balompié femenil, sin dejar de lado que la veracruzana es una ferviente aficionada del Club América.

En primera instancia, Andrea’s Soccer se trataba de una liga con equipos de la misma escuela, es decir, una especie de torneo interno que permitía a las niñas jugar futbol, pues en aquellos años todavía era complicado que las mujeres formaran parte de ligas bien organizadas, aún con los antecedentes de los juegos en Cabeza de Juárez o Tepito, por mencionar algunos sitios que siempre han tenido futbol femenil.

Lizet Pérez fue pre-seleccionada nacional en 1997, cuando ya era entrenadora de Andrea’s Soccer, y recuerda que compartía cancha con sus jugadoras, lo que complicaba un poco su papel como líder, dentro y fuera del terreno de juego, pero esta experiencia, aunada a la dotación de gritos que Armando Magaña suele profesar, “La Jaro” pudo madurar y crecer, tanto en el ámbito profesional, como en el personal.

“Andrea’s Soccer es lo mío, mi playera; hay personas que me dicen ‘vente conmigo’, pero no quiero, porque si me voy del futbol lo haré con Andrea’s Soccer y ahí se acaba, no sé qué me depare el destino, pero esta es mi casa, a mí me costó gritos, lluvia, hambre, de todo”, confesó “La Jaro” en entrevista con La delantera.

Después de una pausa en su carrera como entrenadora, Lizet retomó su trabajo en Andrea’s Soccer Sur, muy cerca del Estadio Azteca, la casa de sus Águilas; al principio contaba con apenas 8 niñas y ahora tiene a 60 a su cargo.

Charlyn Corral y Liliana Mercado son dos futbolistas que emergieron de esta escuela, señalando a la segunda, como su “ídolo”. Sobre Mercado, “La Jaro” señala: “para mí es un orgullo que a donde va le preguntan de su historia y ella dice que nació de Andrea’s Soccer; es de las jugadoras que viene a ver a mis niñas, se toma fotos con ellas, les da consejos”.

Para Lizet, los pilares de su vida son su madre, doña Gudelia Romero, y su hijo, Leonel, por quienes da todo. La Jarocha bien puede sacrificar horas de sueño por dedicarle tiempo a su hijo, y a su madre, la describe como un “Cedro”. Su labor como madre y entrenadora, no ha sido fácil en cuanto a la organización por la exigencia de ambos “trabajos”, pero para ella, es un orgullo ser, quien es ahora.

En cuanto al tema sobre “el estancamiento del futbol femenil”, la entrenadora explicó que se trata de muchos factores, que van desde problemas culturales y de disciplina, pues las niñas no están acostumbradas a entrenar diario y siempre esperan un pago inmediato cuando se trata de ser constante para obtener resultados, además de que se desaniman con el primer tropiezo que tienen.

“Yo salí de la nada, a lo mejor no fui el gran ídolo en el futbol, pero en mi trabajo, en lo que hago, se me reconoce, porque tropezaba y me levantaba”, dijo la veracruzana, quien hace 10 años sufrió la pérdida de una hija y luchó para levantarse de esa caída y hoy comparte su vida con su pequeño, quien tiene nueve años.

Además de lo mencionado, la familia, los dirigentes del futbol, los federativos, no muestran especial interés en el desarrollo del futbol de mujeres. “La gente se va a dar cuenta que hay futbol femenil cuando lo televisan, ahorita se esconde porque creen que no va a dar ganancias, mientras haya un interés económico de por medio va a ser difícil; a las futbolistas de selección nacional les dan entre 5 mil y 6 mil pesos, cuando a los varones les dan como 100 mil, por lo menos, además de los patrocinadores”.

Para Lizet, su ideal del futbol femenil mexicano sería la existencia de una liga profesional en donde cada equipo de la Liga MX tuviera su filial femenil y que ella pudiera dirigir uno de ellos. “Mi sueño es que sea Andrea’s Soccer América” y dirigir así, a los dos equipos de mis amores.

Gris Campos

@Griscampos20