Marylin Díaz, líder de la defensa de Real Celeste, nació el 18 de noviembre de 1991, en Iztapalapa, Distrito Federal. Juega futbol desde los cuatro años y hace ocho fue convocada por primera vez a la Selección Nacional, gracias a que Carlos Hermosillo, entonces titular de la CONADE, la vio jugar en un torneo de futbol rápido en Santa Fe y le dijo: “una prueba en Selección Nacional o una beca”. Marylin quería representar a México.

Leonardo Cuéllar le ofreció integrarse al Tri Femenil. Dos meses después de trabajar separada de las seleccionadas, mejoró su condición física y se incorporó, como capitana, al seleccionado Sub-17, que estaba a punto de encarar el Pre-Mundial de Trinidad y Tobago 2008. En el primer partido, se estrenó con gol frente a Jamaica, en el Estadio Dwight Yorke, de la ciudad de Bacolet. El partido terminó 6-0.

Mide 1.70 y sobresale por su físico. Se nota más fuerte que la mayoría de sus compañeras. En pelotas divididas, suele salir victoriosa. Usa su tamaño para cubrir el balón y salir jugando con elegancia desde atrás, desde la difícil y, a veces, cruel posición del defensa central.

A los seis años, Marylin empezó a colaborar en el negocio familiar de elaboración de piñatas. Durante 10 años, la futbolista pasó los días entre balones de futbol, ollas de barro y engrudo, pero, desde los 16, luego de que su participación en la Selección se intensificó, tuvo que pasar menos horas en la actividad familiar.

“Hacemos piñatas de cartón y de barro, somos cuatro familias las que participamos y, entre todos, somos como 20 o 25 personas. Mi abuelito empezó a ver cómo se fabricaban, él empezó a hacer la muestra, luego mis tíos, mi papá… empezaron poco a poco (… ) En total, se fabrican como 30 mil piñatas. Es mucho trabajo, son desveladas, trabajar todo el día, estar atendiendo… pero vale la pena.”, dijo en el 2010 para Cancha, del diario Reforma.

Estudia Ciencias en el Deporte en la Universidad La Salle, en la que, gracias al futbol, pudo conseguir una beca que sostiene sus estudios. La capitalina dejó la escuela de lado por algunos años, pero, actualmente, intenta combinar sus estudios y el balón.

Sabe que en México no se puede vivir del futbol; por lo menos, las mujeres no pueden hacerlo. En Real Celeste le pagan alrededor de 500 pesos por partido, no le cobran nada, le dan los uniformes, la comida, la bebida y el transporte. Hay fines de semana en que juega hasta cuatro partidos. Si en todos le pagaran, ganaría unos dos mil pesos por semana, pero esto no es seguro.

“Nuestro único beneficio es que aquí nos tratan como reinas. A la mayoría nos paga y no cobra absolutamente nada”, destacó sobre Real Celeste, su equipo en la Liga Mayor Femenil (LMF).

Díaz es una experimentada futbolista cuya presencia le da seguridad a cualquier defensiva. Tiene un potente disparo, es letal en el cobro de penales y tiros libres y ya tiene una experiencia internacional en clubes, con seis meses en el Estartit de España. Hoy por hoy, es pieza clave de Real Celeste, subcampeón nacional de LMF.

Foto: Gris Campos

Foto: Gris Campos

Adria Vega
@la_delantera